La importancia de la autoestima para ser un buen mediador o mediadora.

En este artículo se hablará sobre la importancia de la autoestima para ser un mediador o mediadora de éxito. Anteriormente se había mencionado que la persona mediadora debe facilitar la comunicación entre dos personas que tienen un conflicto para que éstas, por sí mismas, encuentren la solución que mejor satisfaga a sus necesidades y/o intereses.

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La persona mediadora en variadas ocasiones se enfrenta a situaciones que fácilmente podrían hacer enfadar a cualquier otra persona sin conocimientos o capacitación previa en materia de transformación positiva de conflictos.

¿A qué me refiero con esto? Bueno, les platico con el ejemplo de una situación que se presenta en repetidas ocasiones durante el ejercicio de la mediación de conflictos en diversos ámbitos.

Lo más común es que las pruebas a la paciencia del mediador o mediadora comiencen en el Discurso de Apertura de la Mediación (por sus siglas DAM), ya que, en su presentación ante las partes, el mediador o la mediadora explica que su papel solamente será facilitar la comunicación entre las personas en conflicto, pero que no aportará soluciones, ni dirá quién gana o quién pierde, quién tiene o quién no tiene la razón.

Es en ese momento, cuando muchas personas -acostumbradas a resolver sus conflictos por la vía tradicional, a través de un juicio, arbitraje, etc., donde una tercera persona, investida de autoridad, es quien toma la decisión sobre lo que “está bien” o “está mal”-, se molestan y lanzan expresiones para atacar al mediador o mediadora, entre ellas: “¿Entonces usted no va a resolver mi problema?, “¿Para qué sirve que haya venido con usted si no me va a dar la razón?”, “Yo lo que quiero es que “x” reciba su merecido, que se me haga justicia”, “Usted, si no puede obligar a la otra persona a darme lo que me corresponde, no me sirve para nada, es un bueno o una buena para nada”, “Solo estoy perdiendo mi tiempo con personas como usted”.   

Es en situaciones como esta, cuando el mediador o la mediadora debe mostrar seguridad en su persona, hacer un ejercicio de reflexión, recordar que las partes en conflicto se encuentran emocionalmente agitadas y están en un nivel de negociación en base a “posiciones”, de lo cual hablaremos más adelante; lo que, evidentemente, dificulta la transformación positiva del conflicto.

La persona que tiene una autoestima saludable jamás se pondrá a la defensiva, porque sabe que el conflicto no es de ella, sino que el mismo pertenece a las partes, que todas las ofensas que las partes lancen hacia su persona son, en realidad, proyecciones que cada uno de ellos o de ellas hacen de las cosas que les molestan y que nada tienen que ver con el mediador o mediadora.

Tener autoestima alta implica que el mediador o mediadora conoce sus habilidades, aptitudes, actitudes y aplicará las distintas herramientas de la mediación, adaptándolas a los casos concretos.

El mediador o mediadora con autoestima sana sabrá cuándo continuar y cuándo detenerse en un procedimiento de mediación, porque conoce sus capacidades pero también conoce sus limitaciones y siempre se conducirá de manera honesta. Un mediador o mediadora con alta estima de su persona, sabrá retirarse y solicitar apoyo cuando así lo considere, cuando el conflicto ponga en riesgo su neutralidad e imparcialidad, que son cuestiones que también abordaremos más adelante.

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